Sexto Seminario

¿Qué es el nonsense? ¿Y tú me lo preguntas?

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Alejandra Eme Vázquez

Le llamaremos indistintamente nonsense, sinsentido, disparate, ruptura, tontería, insensatez, antinatura y cualquier otro nombre que nos parezca adecuado porque los mecanismos y estrategias de divergencia de sentido tienen tanta vida, tantas formas, como las lenguas mismas. Para los términos de su lectura política, sabremos que necesitamos nombrarlo cuando intuyamos que nos ayuda a reflexionar sobre las herramientas y lecturas que pueden proponerse fuera del canon y la convención hegemónica de los productos del lenguaje.

Las preguntas pueden ser muchas y todas pueden tener una respuesta, sí, porque también se trata de subvertir la idea de que la verdad es Una y Única, pero podemos regular esta sensación de infinitud, si se pone incómoda, con la idea de que sólo aceptaremos verdades que reparen todos aquellos desconsuelos que nos ha dejado el así llamado “sentido común”.

Porque, en efecto, el nonsense se construye a partir de la noción de sentido común, la misma que hace operar a las sociedades instalando la consigna de que pese a que las circunstancias vitales y materiales puedan ser diametralmente distintas, la formación de comunidad implica aceptación de convenciones que permiten entender “lo mismo” a “todas lasa personas”. Aunque haya fugas que no pueden taparse con un dedo. Porque hasta en lo más simple, hay fugas que no pueden taparse con un dedo: hay una sensación de que no nos estamos entendiendo o-no-del-todo, porque las convenciones están destinadas a flaquear y entre más estrictas, más débiles son.

Justamente en los pliegues de esas fisuras es donde se encuentra, agazapado, el antisentido, el contrasentido, el insentido, esperando cualquier oportunidad para asaltar por sorpresa al sentido común y correcto en circunstancias como las siguientes, que quizá nos resulten familiares:

  • Cuando algo no es lo que se supone que debía ser
  • Cuando todos los factores están ahí, pero su acomodo es distinto
  • Cuando el mensaje es correcto pero el emisor/canal/código/receptor/contexto es incorrecto
  • Cuando se reconoce que se está transgrediendo una norma (y se pone en evidencia la norma)
  • Cuando se reconoce que se está subvirtiendo un canon (y se pone en evidencia el canon)
  • Cuando nos hace falta información para entender

El nonsense ocurre cuando la representación, máximo objetivo de la comunicación verbal, sufre un colapso aparente. Y digo “aparente” porque en realidad la propia estructura lingüística es no sólo flexible, sino difusa en límites, así que posee engranes que permiten aceptar sin más toda manifestación producida con sus elementos. Por eso es que lo que termina regulando a estas dislocaciones de sentido son los mecanismos descriptivos y contextuales del sentido común: humor, terror, goce, metáfora, silencio, incluso violencia.

¿Hay teóricas y teóricos del nonsense? Sí. Y también hay quienes aseguran que sólo se trata de juguetes lingüísticos, porque lo piensan sólo respecto a Lewis Carroll, a Edward Lear, al absurdo, al surrealismo, a rupturas que se quedan en lo estético, incluso en el discurso porque también hay discursos que se hacen para sonar bonito. Como si el sentido común necesitara divertimentos que enseguida se normalizan. Pero no. Hay que escuchar otras voces, las que se toman en serio esto de no hacer sentido:

  • Chesterton propone que el nonsense debe ser un dispositivo de lectura del mundo, que ponga en entredicho cualquier convención asimilada.
  • Aira lo identifica en el efecto de la escritura como forma que ha cuajado en el lenguaje.
  • María Elena Walsh le encuentra moldes al disparate para traerlo al castellano y nombrar lo innombrado, lo innombrable, desde la generosidad.
  • Ulalume atomiza la mirada para desbordarse en los sentidos más aparentemente sencillos.
  • Susan Stewart le construye una casa.
  • Sergio Cueto asegura, teorizando, que el nonsense es un reducto de resistencia a… la teoría.

Y si nos vamos a reunir para conversar sobre nonsense, me parece urgente plantear ahora lo siguiente: más allá de artificios y experimentaciones estéticas, todas las escrituras producidas desde las posiciones ajenas al poder y al canon (ya sea porque lo evitan, porque lo combaten o porque lo tienen negado de por sí) presentan componentes de nonsense en estado puro.

Agrega los entrecomillados, las cursivas y los campos minados que requieras;

añade todas las discusiones que creas necesarias;

prepara tus másqueunapreguntatengouncomentario:

tal es la premisa de esta conversación.

La lectura política vendría en consecuencia, porque entonces el nonsense dice algo de la comunidad que instauró, en principio, el sentido que se está subvirtiendo: revela dinámicas de poder, dicotomías impuestas, posturas acríticas, límites, cuadraturas, puntos sensibles. Por eso necesitamos otras formas de decodificarlo, de interpretarlo y de criticarlo. Por eso recurrimos a la sobreinterpretación, a la crítica ética, a reflexiones sobre traducción, al postestructuralismo y a textos maravillosos que al abordar y ocupar las fugas del sentido, adquieren una potencia regeneradora inigualable. Pero eso necesita lectoras, lectores, dispuestas a recibir y a acuerpar esa potencia.

¿Quién dijo yo?

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